¡ESOS CURAS!
PRIMERA PARTE
El vocablo cura, como veremos más adelante es muy significativo,
pero tomó un cariz despectivo desde tiempos muy remotos, especialmente por los
ataques de la masonería que aunque en sus principios doctrinales con que se
presenta pudiera parecer como una institución noble, es irreconciliable con la
doctrina católica. Por eso la Iglesia católica prohibió a sus fieles adherirse
a las logias masónicas desde el siglo XVIII; castigó con la excomunión a
quienes lo hicieran desde 1917; y no hace mucho tiempo, el Papa Francisco secundó
tal penalización, estableciendo que quienes incumplan dicho mandato no pueden
recibir la comunión. Y es que la masonería es considerada por la Iglesia como una
sociedad secreta y anticlerical.
Les dejo un link a quienes quieran adentrarse en esa temática
de contradicción entre la Iglesia Católica y la masonería. https://www.youtube.com/watch?v=mQaf0C2WrpE&t=868s
A qué viene todo esto? A que
en El Salvador como en muchas partes del mundo, los masones atacaron de
manera directa y algunas veces velada todo lo católico, especialmente a los
sacerdotes, utilizando el término cura en una forma tan despectiva y
despreciativa que aún subsiste en nuestros ambientes.
Mucho antes de los masones el ataque permanente contra la
Iglesia y los curas provino también de las sectas protestantes desde la Reforma
Protestante iniciada por Martín Lutero en el siglo XVI.
Valga lo expuesto, para decir que la palabra cura viene del
latín “curatio” o sea, que tiene el cuidado de los fieles y de sus almas; o
dicho en salvadoreño, que atiende con esmero a sus fieles y les alienta a vivir
su fe. Ese es el sentido del refrán español que dice: “hay males que si el cura
no los cura, son incurables”.
Curas, como en otras profesiones los ha habido, unos buenos y
otros no tan buenos. Y así como en la rama de medicina hay médicos de diverso
tipo, por decir: generales, internistas, pediatras, cardiólogos, gastroenterólogos,
reumatólogos… entre los curas, los hay que son: teólogos, filósofos,
escrituristas, doctores en derecho canónico, etc. Y otros la mayoría, con un
carácter más pastoral dedicado a cuidar de sus ovejas, como lo pedía el Papa
Francisco. Pero también los hay especialmente dentro de los jesuitas, con
especialidades en profesiones liberales como la ingeniería, la economía, la
política, etc.
Pero el centro de este artículo, no es tratar de los curas
como tales, ni de su labor pastoral propiamente dicha. Quiero destacar acá desde
otra perspectiva, la entrega de algunos sacerdotes salvadoreños en su labor
social, humanitaria en pro del desarrollo de sus comunidades. Y para el caso,
me referiré a dos sacerdotes, amigos y de paso casi familiares, originarios del
Departamento de Cabañas. Se trata del sensuntepecano Juan José Mendoza Bonilla
y del originario del distrito de Ciudad Victoria, Juan Mario Ramos Reyes,
conocido más como el Padre Mario Ramos.
SACERDOTE JUAN JOSÉ MENDOZA BONILLA
Nació el 19 de febrero de 1948, en el Cantón Nombre de Dios,
Sensuntepeque, Departamento de Cabañas. Sus padres fueron: Tereso de Jesús
Mendoza y Mélida Bonilla. Realizó parte de sus estudios de Educación Primaria
en Sensuntepeque, más adelante, entró al Seminario dirigido por los sacerdotes
Misioneros Paulinos en Guatemala, donde
estudió sus años de filosofía y los primeros años de Teología que continuó en
Los Estados Unidos de América. Fue ordenado sacerdote en la catedral de San
Pedro Sula, Honduras en 1981, nombrado Párroco de la Parroquia San Jacinto de
San Salvador en 1985 y ostentó otros cargos dentro de la misma Congregación.
Más tarde, desarrolló su labor pastoral en Alegría, Departamento de Usulután y
en Laguna Seca, Chalatenango.
A partir de 1989, además de atender sus tareas pastorales, el
Padre Juan, se entregó de lleno a participar en los medios de comunicación como
YSUCA, YSAX y Radio Vicentina que él fundó transmitiendo mensajes religiosos, pero
también históricos y sociales.
Fue el 12 de julio de 1992, cuando lo conocí en una reunión
en Sensuntepeque en casa de mi padre Gerardo Velasco sugerida por Monseñor
Benjamín Barrera y Reyes y que presidió el entonces sacerdote Clemente Barrera
Rivas y a la que fueron invitados, las autoridades departamentales (alcalde municipal de Sensuntepeque
Ricardo Chávez, el Diputado Enrique Amaya Rosa, el Comandante del Destacamento
Militar) y líderes de los cantones San Marcos y Nombre de Dios. El propósito de
aquella reunión era animar el compromiso de seguir trabajando conjuntamente por
el desarrollo de aquellos cantones.
A partir de entonces, el Padre Juan junto a nosotros, nos
propusimos coordinar esfuerzos por llevar adelante la apertura de una carretera
de montaña desde el Cantón Chunte, Sensuntepeque hacia los cantones citados,
hasta esa fecha totalmente incomunicados; construir escuelas, llevar la luz
eléctrica y otras obras de mejoramiento.
Fui testigo de visitas y reuniones con las autoridades
locales en las que el padre Juan Mendoza desarrolló un liderazgo muy especial
que contribuyó al desarrollo especialmente del Cantón Nombre de Dios en cuanto
al desarrollo de tales obras.
Además, el padre Juan, estuvo siempre pendiente del avance de
las obras. En el caso de la carretera, varias veces celebró la misa justo hasta
donde el tractor había abierto brecha junto a los campesinos a quienes animaba
a seguir colaborando como testimonio de ayuda a la comunidad.
Una estrategia sencilla pero efectiva fue la publicación de una hoja informativa que
escribía el Padre Juan, en las que narraba lo realizado mensualmente, pero
también exponía a las autoridades locales las actividades pendientes de ejecución.
De estas actividades él hizo un resumen al final de su Libro “Mélida y Jesús Un
amor en Nombre de Dios”.
Puedo dar testimonio que el Padre Juan que seguramente tenía
una visión política de avanzada y no derecha, se entendía bien con las
autoridades y nunca hirió las susceptibilidades de los políticos que en aquella
época en la zona de Cabañas eran de derecha; al contrario, él atacaba los males
del atraso y no a las personas; por eso era siempre respetado y atendido.
El Padre Juan falleció víctima del COVID-19, el 12 de
diciembre de 2020.
La vida del Padre Juan Mendoza fue recopilada por Inés Ramírez,
periodista y docente universitaria en El Escarabajo, en su artículo “La vida
del Padre Juan Mendoza Bonilla, Un luchador social. Ver sitio: https://elescarabajo.com.sv/periodismo/semblanza/padre-juan-jose-mendoza-bonilla-un-luchador-social/
NOTA: En las fotos aparecen de izquierda a derecha: los sacerdotes Rafael Orellana, Clemente Barrera, Juan Mendoza y Sebastián Martínez, en la celebración de los 90 años de edad de Monseñor Clemente Barrera, noviembre de 2015, Iglesia Santa Bárbara, Sensuntepeque.