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Soy profesor universitario. Trabajo por el desarrollo de Cabañas, un departamento de El Salvador, muy bello, pero también donde hay mucha pobreza, especialmente en lo educativo y cultural. Soy planificador educativo y trabajé por muchos años como director y coordinador de proyectos sociales. Me considero una persona con una visión amplia que trata de valorar lo positivo de cada quien.

martes, 21 de octubre de 2008

COSAS DE NUESTRO PUEBLO


DE CABALLOS Y CABALLEROS





Limpio frente a los desechos




Envidia sana por un caballo




Más elegante que un vehículo




Caballerito tímido




Montando a puro pelo




Caballero amigo de Don Quijote





























EL CABALLO ES EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE


Para mí, mirar un caballo fue tan natural desde mis primeros años de vida, como para el bebé de la ciudad es ahora ver un vehículo.

Sabemos que el caballo, tiene por lo general un nombre; traga agua del manantial o de la quebrada; y se alimenta del zacate más verde y lleno de proteínas. Y por si fuera poco, en vez de contaminar, sus deshechos constituyen un gran abono natural. Mientras que el vehículo, por más delineado y colorido que parezca, se alimenta de gasolina; hace ruidos estruendosos; y sobre todo, contamina con el humo y la emisión de gases tóxicos.

Justamente cuando cursaba el primer grado, me tocó varias veces llevar a “aguar” a más de algún caballo de mi padre, al Chorro, un nacimiento al norte de la ciudad de Sensuntepeque, (que por cierto, está a punto de morir, víctima de la tala de árboles en la que fuera Finca de Don Beto Velasco; y por supuesto, por la contaminación de aguas negras y residuales que salen de la ciudad y desembocan a escasos metros de ese nacimiento).

En mis tiempos de niño, los caballos pasaban a diario por decenas, frente a nuestra casa de la ciudad. Y la compra del zacate, su alimento, era parte de las ventas en algunas casas del pueblo. Mi tío Félix Barrera, con orgullo, se daba el lujo de tener afuera de la tienda, frente al Parque Central, su venta de zacate, cuyo manojo, costaba en el invierno 10 centavos de colón y en el verano quince centavos.

En cuanto al perro, algunas personas dicen que es el mejor amigo del hombre, y puede serlo en algunos casos. Pero poniendo en la balanza el valor de un caballo y de un perro, yo sostengo que el caballo ocupa el primer lugar.

Veamos algunos argumentos a favor del caballo:

Cuando yo era niño, para ir al Cantón en donde mis padres tenían su hogar permanente, había que hacer un camino de unos 20 kilómetros desde Sensuntepeque. En aquella época, los vehículos de gasolina, no podían llegar a aquel destino, por falta de una calle aceptable. Entonces los caballos (incluyendo mulas y machos) eran el vehículo natural e indispensable.

Y para nosotros los pequeños, subir al caballo era como subir al carro de ahora, con la ventaja de que le podíamos hablar por su nombre y si era necesario, él podía llegar solo a casa, pues conocía el camino perfectamente.

Cuando terminamos el primer grado con mi hermano, nuestro padre decidió llevarnos al Cantón para pasar las vacaciones junto al resto de la familia. En aquella ocasión, a mi padre que había llevado otro caballo, no le quedó más que colocarnos a los dos niños en un solo caballo. En la montura íbamos amarrados con correas, no me explico como, por si llegásemos a caer. Pero debido a la nobleza de aquel caballo, llegamos al destino, sanos y salvos.

En otra oportunidad, mi madre me llevó de visita a la Hacienda del Tío Sebastián Barrera, en el Cantón El Jícaro a unos 8 kilómetros de Sensuntepeque. Salimos muy tarde, por lo que nos agarró la noche a medio camino. Durante el viaje se vino una tormenta tremenda con muchos rayos. Si los caballos no hubieran conocido el camino, llegar al destino hubiera sido imposible. Sin embargo, aquellos animales valientes y seguros, cumplieron muy bien con su tarea.

¿Qué mejor argumento que éstos, para catalogar al caballo como el mejor amigo del hombre, de la mujer y del niño?

Los nombres de caballos que recuerdo haber conocido de niño, son: “pajarito”, “gorrión”, “muñeco”, “golondrino”, “castizo” y “clarinero”.

Como decía antes, para mí de pequeño, los perros eran unos amigos de segundo nivel. Me resultaban importantes durante el día, especialmente en nuestras incursiones por los campos. Pero me fastidiaban por la noche, al escucharles sus interminables ladridos y moloteras. Los perros ajenos, siempre, me infundían miedo, cuando amenazaban con morderme. Pero debo aclarar que nunca lo hicieron, pues aprendí a defenderme manejando los garrotes o palos; o hablándoles con cariño, tratando de engañarlos como si fuéramos viejos amigos.

Volviendo a los caballos, personajes célebres de la historia, no serían nada sin ellos. Recordemos a Calígula (Cayo César), en Roma, el emperador más desequilibrado que se enamoró tanto de su caballo “Incitatus” que le mandó a construir una caballeriza de mármol y un pesebre de marfil. Pero a dónde dejamos a “Bucéfalo” de Alejandro Magno, testigo de tantas incursiones bélicas; a “Pegaso” que se convirtió en dios importante de la mitología griega; a “Genitor” en el que Julio César pasó el Río Rubicón para obtener el poder en Roma; a “Marengo” uno de tantos caballos de Napoleón; y más cerca de nosotros, a “Grano de Oro” de Pancho Villa”; a “As de Oros” de Emiliano Zapata.

Es una lástima que nuestra historia no registre el nombre del caballo de Gerardo Barrios, por más que lo veamos imponente en la Plaza que lleva el nombre del glorioso Capitán. ¿Cómo puede ser caballo, si no tiene nombre? Nuestros historiadores tienen esa deuda, que ojalá reparen pronto.

Por último, no puedo dejar de mencionar a “Rocinante” uno de los más famosos caballos, compañero inseparable del más ilustre idealista de todos los tiempos, Don Quijote de La Mancha.

Por lo anterior, el amigo lector estará de acuerdo conmigo y me dará la razón, que dentro de los animales domésticos, no hay otro amigo mejor para el hombre, para la mujer y para los niños, que el caballo.

Recomendación: Si algún día viajan por la carretera de Ilobasco hacia Sensuntepeque, verán a la orilla de la calle, varios caballos, algunos de los cuales aparecen en las fotografías de esta página.


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LOS POLITIQUEROS DEL GOBIERNO


El artículo 218 de la Constitución de la República de El Salvador, reza así: “Los funcionarios y empleados públicos están al servicio del Estado y no de una función política determinada. No podrán prevalecerse de sus cargos para la política partidista. El que lo haga será sancionado de conformidad con la ley”.

En el artículo anterior, es claro el espíritu del legislador por asegurar que los funcionarios electos o designados para cargos públicos, se dediquen exclusivamente a cumplir las funciones del puesto que les ha sido encomendado; y además, para eso se les paga y bastante bien.

Pero este artículo, como tantos otros de la Constitución, es letra muerta para varios funcionarios del Estado; y como si fuera poco, las instancias llamadas a velar por su cumplimiento, “están muy bien, gracias”.

Las más recientes declaraciones de la Ministra de Relaciones Exteriores, el 18 de septiembre pasado, en el American Enterprise Institute de Washington, junto al Ex Secretario de Estado Adjunto para América Latina, Roger Noriega, no pueden ser más contundentes. En aquella oportunidad, la Jefa del Servicio Exterior Salvadoreño, aparte de faltar al tacto diplomático y acusar veladamente a otros gobiernos de América Latina de “populistas y antinorteamericanos”, arremetió contra el partido de izquierda más importante de El Salvador.

Sobre este último aspecto, acusó a un partido legalmente constituido, como “un remanente ortodoxo de la guerrilla” olvidándose que los Acuerdos de Paz permitieron que ese partido entrara al juego democrático. Y de paso, pidió contra toda la lógica del Derecho Internacional y de la Política Exterior salvadoreña, que los Estadounidenses “se involucren más en la Región” como en los viejos tiempos de la Política del “Big Stick” (Gran Garrote) de Teddy Roosevelt, a principios del siglo XX.

Esta señora, al igual que su máximo jefe, ha hecho caer el prestigio de la diplomacia salvadoreña que alcanzara su máxima gloria en tiempos del Dr. José Gustavo Guerrero; no sólo por este hecho, sino por otros, como el envío de tropas a Irak, el ataque sistemático a la política Venezolana y de Cuba.

¿Cuál fue la intención de la Ministra con sus declaraciones en Washington? Pues atacar al FMLN y obstaculizar, utilizando todos los medios, incluido el apoyo del Gobierno Estadounidense, que ese partido gane las próximas elecciones. Si esto no es hacer política partidaria, ¿cómo se puede llamar?.

Por otra parte, como lo hemos señalado en otras páginas, el Presidente de la República, no ha dejado de hacer política partidaria durante todo su mandato. Especialmente en sus primeros tres años, cuando era al mismo tiempo, Presidente del partido de Gobierno.

Algunos de sus allegados o partidarios, lo defienden, diciendo que si lo hacen otros presidentes del mundo, ¿por qué él no lo puede hacer?. Y la respuesta es categórica, porque en otros países, la ley no se los prohíbe. Mientras que nuestra Carta Magna lo establece de manera explícita.

Pero la historia no termina ahí, otros altos funcionarios públicos, especialmente los que pertenecen a las cúpulas de la mayoría de institutos políticos, están haciendo política partidarista valiéndose de sus cargos. Así en casi todas las Alcaldías, gran parte de los funcionarios de mayor y menor rango, trabajan en los días laborables haciendo proselitismo partidario y no digamos los Diputados de la Asamblea Legislativa.

Como nadie está exento de culpa, el mismo FMLN, no puso su demanda de violación de la Constitución por parte de la Ministra de Relaciones Exteriores, ante las instancias respectivas, sino que lo hizo ante la Procuraduría de Derechos Humanos, que se sabe sólo puede aplicar una sanción moral. Lo que indica que no se tiene la suficiente solvencia moral para acusar a otros.

En conclusión, los políticos “politiqueros”, especialmente del Gobierno, han prostituido las instituciones públicas con politiquería y violan la constitución de manera casi permanente.

Por eso, gran parte de la población no cree en la política y menos en los dirigentes de los partidos políticos.

Ante semejantes atropellos, la sociedad civil decente es la única que tiene la palabra.


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