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Gracias por compartir mi blog. Espero que encuentren acá, alguna información de su interés.

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Soy profesor universitario. Trabajo por el desarrollo de Cabañas, un departamento de El Salvador, muy bello, pero también donde hay mucha pobreza, especialmente en lo educativo y cultural. Soy planificador educativo y trabajé por muchos años como director y coordinador de proyectos sociales. Me considero una persona con una visión amplia que trata de valorar lo positivo de cada quien.

jueves, 10 de noviembre de 2016

PASARON LOS BREVES VIENTOS DE OCTUBRE









VOLANDO PISCUCHAS EN EL PARQUE CABAÑAS, DE SENSUNTEPEQUE


































UN LUGAR MUY ESPECIAL Y MÁGICO

Hace mucho tiempo, compramos un  pequeño terreno bastante cerca de Chalchuapa, en el Cantón El Zacamil que estaba sembrado en su mayor parte de café. A dicho sitio viajábamos cada cierto tiempo, pues no podíamos pernoctar, pues sólo tenía como vivienda la casita del guardián.
Pero hace una semana, en mi visita más reciente a aquel lugar, llegaron hasta mí dos mujeres para ponerme la queja de que había unos arbustos de café que alguien los sembró en el propio lindero y que a la hora de cortar el café siempre entraban en pleito, pues según ellas, el encargado de nuestra finquita cortaba más café de la cuenta. Ellas me pedían una solución a este problema.
Queriendo buscar un arreglo inmediato, les pregunté que si ellas eran las dueñas de la propiedad colindante, a lo que me respondieron que no, que el dueño vivía por Ciudad Arce y que no llegaba nunca a su terreno. Entonces les propuse dos soluciones: la primera, era que yo debía hablar con el propietario para llegar a un acuerdo. Y la segunda, que de aquellos arbolitos en litigio, un año cortara la cosecha mi mandador y el otro año, ellas. A las mujeres quejistas, les pareció más adecuada la segunda opción, aunque lamentaban que esperar todo un año para cortar el café era demasiado tiempo.
Como siempre habíamos llegado de prisa a la propiedad, nunca había visto la parte posterior, caracterizada por ser un tanto rocosa y elevada. Hasta que este día de mi última visita, decidí incursionar hasta la parte desconocida, dirigido desde lejos por el mandador que me mencionó los límites de la propiedad; así que caminé sólo, decidido a conocer por mi propia cuenta aquella parte del terreno.
Pronto llegue al sitio más alto y al mismo tiempo cerrado y misterioso, pues aunque estaba cerca del resto del terreno, se encontraba tan oculto por una especie de valladar natural de rocas que me hizo sentirme en  un ambiente muy distinto y peculiar. Allá arriba todo era bastante plano y casi pavimentado de una tierra rocosa.
Caminé unos minutos más y lo primero que descubrí fue una casa abandonada pero muy bien construida. Tenía dos habitaciones importantes, el comedor, la cocina y los baños al final en forma separada. El agua que llegaba por cañería a la casa, procedía seguramente por gravedad de un nacimiento cercano que seguramente estaba a poca distancia. Pero más me llamó la atención, una especie de tubería construida al final de la casa, en forma de acueducto que probablemente servía para tirar los deshechos que se iban rodando hasta una barranca un tanto lejana. Todo aquello era una verdadera obra de ingeniería.
Al examinar el cuarto principal, me encontré con una librera y papeles escritos ligeramente ordenados sobre el escritorio y su silla. Todo indicaba que alguien había habitado aquella casa y que de pronto se fue tal vez sin dejar rastro alguno.
Decidí salir de la casa y recorrer lo que me faltaba del terreno. Y a unos veinte metros más arriba, me encontré con un macho de carga (un mulo) que tenía su jáquima puesta con un lazo largo que estaba suelto. Yo agarré el lazo y traté de sujetarlo con mucha fuerza y al fin pude amarrarlo al único árbol cercano, pensando en regresar después por él.
Caminé de nuevo hacia la casa y a unos diez metros hacia el norponiente, pude comprobar un río de mediano caudal y me preguntaba cómo era que existía aquel afluente en un lugar de por sí tan seco y tan cercano a nuestra propiedad.
De pronto, pude ver que venía río abajo una especie de lancha con personas como de otro continente que hablaban en un idioma extranjero. Se bajaron justo frente a la casa y sin percatarse de mi presencia, comenzaron a inspeccionarla. Era una comitiva de unas diez personas la mayoría adultas. Pero había entre ellas, un niño de unos doce años. Yo me apresuré a entrar a la casa y fue el niño que comenzó a hablarme en forma más familiar, pero en un idioma desconocido. Yo le hablé en mi pobre francés y por suerte él hablaba aquel idioma aunque con un acento especial. Las personas mayores buscaron los baños, entraron al comedor y después a la pequeña cocina, buscando seguramente algo de comer, pero no había nada de lo que ellos buscaban.
El niño se me acercó de nuevo y entramos al cuarto de estudio. Tomé un papel para escribir y dejar un mensaje al supuesto inquilino de la casa, pero sentía que no podía escribir pues tenía las manos frías y rígidas. Recuerdo que quise escribir una frase cuyo significado aún no logro descifrar y que comenzaba así: 33 Methus… Sin embargo no pude continuar escribiendo por las dificultades en mi mano.
Luego salimos del cuarto de estudio y junto al grupo, nos llevamos la sorpresa de ver que en el río ya muy crecido, venía un pez tan grande del tamaño de un tiburón, pues era de color negro.
Con el grupo agarramos unos palos y como si estuviéramos de acuerdo, corrimos queriéndolo atrapar, hasta que cayó abatido por los golpes y puyones; y a como pudimos, lo sacamos hasta la orilla, pues era una comida providencial para todos, especialmente para aquella comitiva hambrienta.
Al poco rato me acordé del mulo que había dejado amarrado y descubrí que también era un animal encantado, pues se hacía grande y al mismo tiempo pequeño y amarrado del lazo, saltaba y corría varios metros ya fuera de mi control. Aquel animal no dejó de atemorizarme, así que opté por dejarlo en el mismo sitio.
Luego recordé que debía regresar a la parte baja del cafetal, pues ya era bastante tarde. De regreso, me preguntaba asombrado, cómo podía existir aquel lugar tan amplio y con tanto encanto, como parte de mi propiedad.
Cuando desperté en mi casa, me pregunté por qué a veces tengo este tipo de sueños y constaté que tenía puesto un gorro que uso sólo en las noches de frío. Y esta vez para no olvidar los detalles del sueño, como me suele pasar, me he venido directamente a la computadora para narrarlo, pues de lo contrario pasadas unas horas olvido totalmente lo que he soñado.
El sueño se los juro fue muy cierto, lo mismo lo de la pequeña propiedad que fue vendida hace mucho tiempo, lo demás queda por ser creído a criterio de los lectores.











OCURRENCIAS DEL MES

1.      Ella buscaba la sal y al verla escondida en el aparador le ordenó: “sal, sal de allí”.
2.      Aquel hombre mayor que además era buen católico, expresó: Me retiro de acá porque me voy a mi retiro y pronto espero tramitar mi retiro.
3.      De las enfermedades de la gente, el médico, el sacerdote y el pastor pueden volverse ricos de la noche a la mañana.
4.      Quizás hay más lunáticos en la tierra que en la luna.
5.      Al hombrecito del pueblo le apodaban Ratón, pero cariñosamente le decían Ton.
6.      Los años pasan pero lo mejor es no darse cuenta que uno va perdiendo poco a poco la cuenta de ellos.
7.      Por no leer bien, aquel neo alfabeto asustó a los de la familia hablando del cáncer de mamá en vez del cáncer de mama.
8.      Aquel presidente era tan malo para leer que en su discurso dijo que le daba el premio a aquel niño pródigo en vez de decir niño prodigio.
9.      El dueño de aquel perro era un hombre maleante y muy chucho que al final terminó bien enchuchado.
10.  Les aseguro que un noventa por ciento de los salvadoreños saben el nombre del nuevo presidente de los Estados Unidos sin necesidad de haber asistido a un curso de política o de asuntos internacionales. No hay duda que ya casi somos un pequeño estado de aquel gran país, no sólo por la dolarización, sino porque más de una tercera parte de nuestra gente se han vuelto gringos.
11.  Como en nuestro pueblo hay gente ocurrente, a alguien se le ocurrió decir que la candidata a presidente del país del norte tenía un apellido como de clíntorix y el apellido del hasta entonces candidato, lo relacionaba con las trompas de Falopio.
12.  Algunos latinos comprobaron con sorpresa que las elecciones de los Estados Unidos fueron ganadas por el Partido Republicano con Trampa, según la pronunciación inglesa de algunos.
13.  Cuando llegaron al límite del pueblo, al motorista que no redujo la velocidad le gritaron “ tú mulo” y él al sentir el golpe contestó: “tu abuela”.
14.  En un comedor de comida típica, como la dueña era “arenera” desde que entró el nuevo gobierno ya no vende nuégados, pues dice que ya ni en broma le gusta ese tipo de alimentos.
15.  ¿Cómo leen los diarios los salvadoreños?. Los niños buscan las páginas deportivas y algunos, los muñequitos; los jóvenes se van directamente a las páginas sobre las películas en exhibición o algunos anuncios sobre los artistas internacionales; los viejos hojean las páginas donde aparecen las esquelas, para ver si ha muerto algún amigo o conocido; las viejas chambrosas se entretienen leyendo los titulares de las noticias nacionales que informan de los muertos y accidentes; los comerciantes, por supuesto que se van a las páginas de clasificados; y sólo un tres por ciento de aquellos que se dedican al negocio de la política o a quienes les sobra el tiempo o no hayan qué hacer, leen algunos artículos de las páginas editoriales.