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Soy profesor universitario. Trabajo por el desarrollo de Cabañas, un departamento de El Salvador, muy bello, pero también donde hay mucha pobreza, especialmente en lo educativo y cultural. Soy planificador educativo y trabajé por muchos años como director y coordinador de proyectos sociales. Me considero una persona con una visión amplia que trata de valorar lo positivo de cada quien.

martes, 15 de octubre de 2019

UN OCTUBRE LLUVIOSO Y SIN LOS VIENTOS DE OTRAS ÉPOCAS






NUESTROS CLAVELES AMARILLOS















VIVIMOS DE ILUSIONES

Ellas nos dan el aliento
para desafiar el peligro,
y nos trazan el camino
para luchar cada día
en busca de felicidad.

Son como la carnada
que sigue el pez en el agua,
o como la pequeña trampa
puesta al inocente pajarillo,
cuando busca su comida.

Cuántos sueños desbordados
o cuántas esperanzas rotas,
si disfrazadas de engaño
un día se disipan y caen
cual castillos en el aire.

Mientras que de ser ciertas,
se truecan en ideales
que trazan el horizonte
para emprender el combate
hasta lograr la victoria.

Aunque parezca mentira,
para ellas no existe la edad.
Ellas son el combustible
en ese viaje tan corto
que nos regala la vida.

Pero si un día aciago
ellas sin más  se marcharan,
se alejarán los motivos;
se habrá apagado la luz…
y perdido la batalla.

Ramiro Velasco

Octubre de 2019



APRECIACIÓN CRÍTICA DE LA POLÍTICA SALVADOREÑA EN LOS ÚLTIMOS DIEZ AÑOS. RECOPILACIÓN DE ALGUNOS ESCRITOS DE RAMIRO VELASCO. (Quinta Parte)

Para dar continuidad a la publicación de escritos relacionados con la política salvadoreña, esta vez recopilo tres de los publicados en el año 2016.
El propósito es una vez más, relacionar la situación actual del país y considerar si lo que publiqué hace tres años en este caso, da visos de haber mejorado; o si las cosas parecen ir igual.
En Enero de  2016, escribí y publiqué el siguiente artículo relacionado con la polarización.

Los salvadoreños, que habitamos en el país y los que viven fuera de nuestras fronteras, tal vez debiéramos preguntarnos, si la polarización ha desaparecido una vez que las fuerzas políticas que eran mayoritarias hasta el tres de febrero de 2019 parecen haber perdido fuerza. O si por el contrario, el fenómeno parece estar latente, no más que hoy con cambio de actores. 


LA POLARIZACIÓN ACTUAL, LA CRISIS Y LA NECESIDAD DE UN NUEVO RUMBO PARA EL PAÍS

Se acaban de cumplir 24 años desde el término formal del conflicto armado que tanto enlutó al pueblo salvadoreño.
Durante el decenio previo a  la guerra interna, años setenta, al menos en algunos ambientes, se comenzaron a sentir de manera muy acentuada las posiciones cerradas, por una parte, de la derecha conservadora que disponía de todo el poder económico y estatal a su favor  y que se resistía a permitir la apertura de espacios de expresión y de participación política; y por otra, la conformación de un bloque cada vez más amplio de gente de izquierda y de centro que se rebelaba contra el estado de cosas imperante.
Yo mismo viví en carne propia esa dualidad, pues por un lado, en la Universidad de El Salvador, donde estudiaba, no era muy bien visto por algunos compañeros “extremistas” de izquierda a los que llamábamos “revolucionarios de cafetín”, que sólo por el hecho de trabajar en una institución de gobierno como el Ministerio de Educación, me consideraban si no de derecha, al menos como alguien no confiable y afín a su ideas; mientras que en el Ministerio, a todo el que estudiaba en aquella universidad se le consideraba un tanto “rojillo” o izquierdozo.
Seguramente, que lo que refleja mi vivencia se repetía en otros ambientes y se fue agudizando conforme se entró y avanzó en el conflicto armado.
Durante el conflicto, aquellas posiciones encontraron su resonancia en los dos bandos en lucha, mientras que la mayor parte de la población por diversas razones trataba de no tomar partido, al menos en términos de militancia.
Llegada la firma de los Acuerdos de Paz, las posiciones antagónicas de izquierda y derecha, no necesariamente por su índole ideológica, fueron aumentando más por el lado de las simpatías ya sea hacia los llamados revolucionarios que habían abogado por cambios estructurales, como de los conservadores que se aferraban al estado de cosas existente y hablaban más de construir la democracia por medios pacíficos.
Y aunque la firma de los Acuerdos de Paz, permitió cambios radicales, aquellos se dieron sólo a nivel de la super estructura, entendida ésta como lo sostiene el marxismo. Dichos cambios se operaron especialmente en la esfera política con conquistas importantes a nivel constitucional especialmente en el sistema de partidos, sistema electoral, organización del estado y del gobierno, modificación de roles de algunas instituciones y la creación de otras nuevas. Pero de ninguna manera se llevaron a cabo cambios radicales  en la estructura económica, como tanto se había insistido durante la lucha armada. Como lo sostiene Álvaro Artiga, en su libro El Sistema Político Salvadoreño, “Con los Acuerdos de paz, un nuevo régimen político con rasgos híbridos se instauró”.  
Una vez “Alcanzada la paz”, como ingenuamente se pensaba, las posiciones polarizadas mantenidas durante el conflicto, encontraron un nuevo nicho tanto en el Partido Alianza Republicana Nacionalista “ARENA” para los conservadores, como en el nuevo Partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional “FMLN” que copió hábilmente el nombre del movimiento revolucionario que sostuvo con éxito la lucha armada y que incluía entonces una izquierda unida, que aglutinaba a varias tendencias ideológicas.
Con los años, después de una especie de “purga interna” de varios dirigentes importantes en el nuevo partido de izquierda, fue predominando la tendencia del Partido Comunista que en la actualidad lidera al partido gobernante. Sin embargo, como opinan algunos, el Frente visto desde su dirigencia se ha ido transformando en una empresa partidaria que parece en la práctica haber absorbido y disfrutado de los manjares del liberalismo económico y de las ventajas de manejar la cosa pública (el gobierno) por muchos años a nivel local y en los últimos tiempos a nivel nacional, manteniendo lo “revolucionario” sólo a nivel de discurso para tratar de mantener unidas a sus bases.
La lucha de la derecha mediante ARENA y de la izquierda por medio del FMLN y la transformación de ambos institutos políticos en verdaderas maquinarias electorales,  han caracterizado en veinte años al sistema político salvadoreño, dándole primacía a los dos partidos y a sus intereses mediante el  gane y disfrute del poder  e incidiendo en un nivel elevado de polarización que repercute fuertemente en la convivencia social.
Por otra parte, aunque en el espectro político partidario, el peso de los partidos ARENA y FMLN no es total, al menos formalmente; la “habilidad perniciosa” de los dos partidos mayoritarios mientras han ostentado el gobierno, ha sabido “comprometer” el apoyo de la tercera fuerza política, especialmente en las decisiones que requieren mayoría simple en la Asamblea Legislativa. Así sucedió con el apoyo incondicional que el  Partido de Conciliación Nacional (PCN) denominado peyorativamente “partido taxi” brindó al Partido ARENA, mientras este último gobernó durante  veinte años; y lo es desde el 2009 a la fecha, el Partido GANA, en apoyo del FMLN en el gobierno.
Pero volviendo a las posiciones encontradas de los dos grandes partidos, éstas han  entrampado muchas decisiones que debían de haberse tomado en forma consensual y oportuna en materia fiscal y financiera del estado y en otras materias importantes de orden social y de la administración pública.
Lo cierto es que en los últimos 20 años los problemas se han agravado en cuanto al bajo crecimiento económico, el elevado endeudamiento público externo, el elevado déficit fiscal, la baja inversión extranjera y nacional, el alto costo de los servicios públicos, la creciente migración hacia el exterior y la elevada corrupción. Las carencias están a la vista, en cuanto a la falta de oportunidades, los bajos niveles de atención en salud, la dotación de agua potable y otros servicios. Y como si fuera poco, la tremenda inseguridad y la delincuencia, extendidas como un cáncer por todo el país que agobian cada día a la población.
Con tales males y en un ambiente polarizado, lo único que puede salvar al país es un nuevo Acuerdo Nacional en el que el entendimiento entre los diversos sectores y el esfuerzo de las fuerzas vivas en una nueva dinámica constructiva y leal, contribuyan a un mejor estado de cosas. De lo contrario, en el mediano plazo la sociedad en su conjunto estará al borde del despeñadero.

Y a la luz del siguiente artículo, que publiqué en marzo de 2016, talvez pudiera considerarse, si en el espectro político actual, pareciera que está cambiando la proporción de políticos “chucos”, o vemos más de lo mismo.
LOS POLÍTICOS CHUCOS

En este blog acuñamos desde hace unos siete años, el concepto de “política chuca” tomado del caló salvadoreño que hace referencia a lo sucio, pestilente y detestable. Y afirmamos que la política en El Salvador ha sido tradicionalmente así, “chuca”, no porque lo sea por definición, sino porque quienes la han practicado en el país, generalmente se han  comportado no pensando en el bien común de la sociedad, sino en sus ambiciones personales y egoístas, caracterizadas por lo que nuestro pueblo conoce como la “vivonada o la animalada”.
 Ver páginas de mis escritos anteriores sobre este tema:   http://ramirovelasco.blogspot.com/2009/01/algo-ms-de-costumbrismo-en-el-salv  y
Y es que lo chuco de la política tradicional salvadoreña, es todo lo contrario a los valores éticos que ya Platón proponía en el siglo V antes de Cristo,  al señalar que: “ el objetivo de la vida del hombre no puede reducirse a la satisfacción de sus necesidades materiales; más allá de éstas, el hombre debe ser objeto de un desarrollo completo de su personalidad, de acuerdo con las partes más elevadas de su alma, la irascible y la racional, con el fin de alcanzar una felicidad identificada con la armonía de su vida”  Tomado del sitio: http://www.webdianoia.com/platon/platon_fil_etica.htm
O como lo señala otro autor, “Los valores fundamentales de la ética no son solamente formas de actuar correctas, sino también determinan la capacidad de una persona para distinguir entre lo que es correcto o que es incorrecto y tomar las decisiones que resulten más convenientes para sí mismo y para el beneficio de la comunidad.
Los valores de la ética deben ser inculcados desde los primeros años de la infancia, ya que mientras más temprano se desarrollen principios éticos en las personas, más arraigados tendrán estos patrones de comportamiento durante la vida adulta, lo que contribuye de una forma significativa a construir una mejor sociedad.”  Tomado de: http://www.cuales.fm/cuales-son-los-valores-eticos/
Pero qué paradoja, la misma mata de políticos chucos incrustada en la Asamblea Legislativa, viene proponiendo desde hace años la lectura de la biblia en las escuelas y aprobaron el mes de febrero pasado, un decreto para que se introduzca de nuevo en la enseñanza a nivel nacional, la materia de Moral, Urbanidad y Cívica que se impartía antes de la Reforma de 1968. Como si la enseñanza por decreto fuera más importante que los hechos y el testimonio de una vida y una cultura de lo honesto y ético que comienza en el hogar, pero que debe ser regla de vida de los que tienen poder político o algún otro tipo de autoridad en la sociedad.
Lo que afirmamos de la política chuca hace tanto tiempo, con referencia a la corrupción y de otras prácticas deshonestas de los políticos, no era pura invención nuestra. Era un secreto a voces  que no se llegó a comprobar, porque el sistema de control y fiscalización de la corrupción estaba también en manos de corruptos o de “aves de paso” que nunca aplicaron las leyes o se dejaron sobornar para no aplicarla, como parte de una cultura de encubrimiento e impunidad.
Que en El Salvador los políticos han sido en su mayoría un miasma, lo demuestran algunos hechos de enriquecimiento ilícito o de manejos turbios de los recursos del estado, llevados a cabo por funcionarios salvadoreño. Tal es el Caso Flores Pérez, en el que como ha sido aceptado por los implicados, se malversó millonarias cantidades de dinero que en parte se destinaron al partido de gobierno en el período 2003- 2004, pero que no se pudieron seguir comprobando ante el deceso del ex mandatario.
En la misma línea, han  salido a la luz pública apenas algunos indicios de otros funcionarios de alto nivel entre ellos, Ex Presidentes de la República, que están siendo investigados en el último año, por parte de la Sección de Probidad de la Corte Suprema de Justicia, siguiendo la Ley de Enriquecimiento Ilícito de funcionarios y empleados públicos que data de 1959, que aunque es como buscar una aguja en un pajar, ya es algo siquiera.
Pero cada día, aparecen datos extraños que aunque esporádicos, dan una idea de lo escabroso de ese escenario de la corrupción. A manera de ejemplo, solo citemos dos ejemplos acaecidos en estos días:
a)      La noticia del 4 de marzo en curso, publicada por la Prensa Gráfica en la que se da a conocer que la Corte Suprema de Justicia hizo público que “la Presidencia de la República del Gobierno del FMLN, ha contestado que no encuentra la información sobre los viajes del ex presidente Funes” para darle cumplimiento a una orden dentro de un proceso de amparo que actualmente tramita la misma Corte. Y que fue reafirmada por el mismo Secretario de Participación Ciudadana Marcos Rodríguez.
b)      La noticia del Faro del 3 de marzo en curso, en la que se informa que: “Diez días antes de terminar su mandato, Mauricio Funes registró a su nombre más de medio centenar de armas haciendo uso de un permiso especial que le concede la ley. Cuando dejó el cargo, Funes poseía 92 armas de fuego, aunque solo declaró a Probidad una de ellas. Una fuente estatal sostiene que actualmente mantiene registradas 86. El ex presidente lo justifica aludiendo razones de seguridad. 
Estos pocos datos dan una idea de cómo algunos funcionarios que hace poco tiempo    dirigían al país, llegaron para “componerse” a como diera lugar. Pero este mal que no es nuevo, pues lo vivió la sociedad salvadoreña desde siempre, se acentuó a partir de 1989 con los gobiernos de ARENA y ha continuado también en los dos últimos “gobiernos del cambio”.
Menos mal que por fin en El Salvador están apareciendo señales, especialmente por el lado de la Corte Suprema de Justicia y específicamente por la Sección de Probidad, del  iceberg de la corrupción, que demuestran que la mayoría de políticos salvadoreños han sido y siguen siendo “chucos”.
Pero no basta eso, la sociedad pide que tales males se castiguen y que se apliquen las leyes que están escritas y que hasta la fecha pareciera que de nada han servido.

El siguiente artículo, lo publiqué en diciembre de 2016. Y en relación con el mismo, sería bueno considerar, si el presupuesto del Estado que se acaba de presentar a la Asamblea Legislativa refleja claramente los salarios reales que devengarán los altos funcionarios del gobierno; o si habrá algunas partidas escondidas por allí, de donde se echará mano para nivelar los salarios, como en el pasado se hacía con la “partidas secretas”.

SOBRESUELDOS A FUNCIONARIOS DE ALTO NIVEL, UN MAL VIEJO EN EL SALVADOR

Desde que yo era un funcionario público de un nivel medio alto vinculado a la planificación, allá por los años ochenta, siempre me llamó la atención las relativamente bajas remuneraciones que presentaba la Ley de Salarios para Ministros y Vice ministros de estado. Pero siempre sospeché que aquella no era la remuneración real para funcionarios con tan alta responsabilidad y  expuestos al peligro, especialmente en tiempos del conflicto armado.
Ya en los años noventa, cuando llegaron al Gabinete de Gobierno varias personas vinculadas a la empresa privada, supe que recibían complementos salariales a los que estipulaba la ley de salarios, pues se argumentaba que ellos en las empresas ganaban muchísimo más, sin correr tanto riesgo que como personas públicas; y que para aceptar un cargo gubernamental y “descuidar un tanto sus empresas” debían recibir remuneraciones más elevadas.
Sin embargo, nunca supe cómo era el mecanismo de pago de los fondos complementarios, pero sí me di cuenta que contaban con una gran cantidad de vales de gasolina y disponibilidad de vehículos si lo deseaban, hasta para familiares.
En la siguiente tabla, se pueden apreciar las relativamente bajas remuneraciones que aparecían en la Ley de Salarios como parte del presupuesto anual de la nación para algunos años:
Funcionarios/ remuneración
1985 ( En Colones)
1914- 1916 (En US $)
Ministro
Salario
2,555
2,273.72
Gastos de representación
2,595
571.43
Viceministro
Salario
2,150
2,080.58
Gastos representación
2,010
581.43
Los datos anteriores, tomados de cifras oficiales, demuestran que desde tiempos muy remotos las partidas secretas de la Presidencia de la República servían para complementar las relativas bajas remuneraciones de los funcionarios públicos de alto nivel.
Debe recordarse que en el 2004, los diputados del FMLN  Shafick Handal, Salvador Sánchez Cerén y Gerson Martinez presentaron un recurso de inconstitucionalidad ante la Sala de lo Constitucional contra el decreto que contenía la Ley de Presupuesto General para el ejercicio fiscal 2004, que autorizaba al Ministerio de Hacienda efectuar transferencias de recursos del Presupuesto General del Estado de un ramo a otro de la administración pública y en la que según los denunciantes, se escondían las partidas secretas de la Presidencia de la República.
La respuesta de la Sala de lo Constitucional de aquella época fue denegar el recurso presentado y las cosas siguieron igual.
Durante el mandato del Presidente Saca y ante la denuncia de un elevado déficit de unos 219 millones de dólares, la Corte de Cuentas finiquitó y avaló el destino y uso de aquellos fondos discrecionales de las partidas secretas. Y más tarde, durante la gestión de Mauricio Funes hizo lo mismo y avaló el uso de tal tipo de fondos, justificándolo como necesario.
En 2010, ante un recurso de inconstitucionalidad presentado por el Ex Vicepresidente, Dr. Borgo Bustamante, contra varias disposiciones de la Ley del Presupuesto y del artículo que ya había cuestionado Shafick Handal y los otros diputados en el 2004, la Sala de lo Constitucional resolvió favorablemente, dejando sin efecto las leyes de las que se valieron los gobiernos de ARENA y del primer gobierno del FMLN para hacer un uso discrecional de los fondos del estado especialmente en lo comúnmente denominado partidas secretas.
En la actualidad, la Sala de lo Constitucional ha comenzado a desmarañar la madeja de lo que se ha dado en llamar los “sobresueldos” de los funcionarios, a raíz de las declaraciones del Ex Fiscal Luis Martínez que constituyen la noticia del día y quien reconoció que recibió entre diez mil y quince mil dólares como sobresueldo, que se deduce, no podían provenir más que de Casa Presidencial.
Lo anterior, plantea la interrogante de cuánto debieran ganar mensualmente los funcionarios de primer nivel y cuyo monto debiera reflejarse en un presupuesto del estado transparente que no ha sido el caso, históricamente en El Salvador.
Habrá que ver si en lo que el Partido ARENA  está exigiendo como condición para aprobar más fondos en bonos y préstamos y que es un presupuesto del 2017 más transparente, se incluye las remuneraciones reales de los funcionarios de primer nivel del estado.
En todo caso, se puede decir, que la Corte Suprema de Justicia y en especial la Sala de lo Constitucional han abierto una caja de pandora que traerá muchas patas y colas.
Por lo que corresponde a la Corte Suprema de Justicia, a la Sala de lo Constitucional, a la Fiscalía General de la República y a la Corte de Cuentas, como responsables de la administración de justicia y de velar por el buen uso de los recursos del estado, puedo decir, que se han  metido en un berenjenal que dará mucho de qué hablar y por mucho tiempo, pues hay muchas personas a las que habría que investigar y que fueron objeto de tales prerrogativas.
Sin embargo, la determinación con la que parecen actuar la Corte Suprema de Justicia en pleno, la Sala de lo Constitucional y la Fiscalía General de la República traen un poco de esperanza en la tarea de contribuir a sanear tanta discreción que en muchos casos linda con la corrupción, en la administración pública salvadoreña.