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Gracias por compartir mi blog. Espero que encuentren acá, alguna información de su interés.

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Soy profesor universitario. Trabajo por el desarrollo de Cabañas, un departamento de El Salvador, muy bello, pero también donde hay mucha pobreza, especialmente en lo educativo y cultural. Soy planificador educativo y trabajé por muchos años como director y coordinador de proyectos sociales. Me considero una persona con una visión amplia que trata de valorar lo positivo de cada quien.

domingo, 26 de julio de 2009

VIVIMOS AÚN


LAS MILPAS EN NUESTROS CERROS



Milpa floreada en julio
(Con un clik aumenta la imagen)



Milpa floreada en la ladera



Milpa en desarrollo



HASTIADO, HARTO, FASTIDIADO


Hace unos días recibí un correo de un amigo que me preguntaba si se me acabó la gasolina o la cuerda, pues ya no ha visto escritos en mi blog. En verdad, han pasado casi dos meses sin algo nuevo en mi página.

La explicación para no escribir sobre la situación del país, no es que haya metido la cabeza en la arena como el avestruz. He seguido paso a paso los acontecimientos nacionales e internacionales más vinculados a El Salvador y he leído artículos de opinión de los unos y de los otros. Por supuesto que cada quien lleva agua a su molino queriendo mostrar la realidad a través de sus anteojos, a cual más saturados de ideología.

Lo único que me ha dado descanso en estos dos meses de la Administración Funes, es no seguir oyendo y viendo a través de los medios, tanta promoción personal y arenesca del Presidente anterior.

Considero que Funes con buen sentido y sensibilidad, está actuando bien. Al Presidente, a los ministros y a todos los funcionarios públicos, les paga el pueblo para que trabajen y no para que se promocionen.

Volviendo a mi situación anímica, puedo decir que después de una campaña de casi dos años quedé hastiado, harto, fastidiado… o como dicen nuestras viejitas, empachado de tanta propaganda, de tanta media verdad y media mentira, de tanta sinvergüenzada de los politiqueros…

Lo que sostuve en mis artículos y comentarios radiales sobre un gobierno nefasto y populista como el anterior, lo demuestran los diferentes informes de las nuevas autoridades que revelan cómo encontraron los ministerios y entidades autónomas. El gobierno anterior vació las arcas del Estado. Mucho del dinero logrado con artimañas para contratos a escribidores en medios de derecha y cobro de dinero en plazas fantasmas, se utilizó en la millonaria campaña arenera.

Volviendo a mi fastidio, me da pena que el pueblo sea víctima de tanto aprovechado(a) que metido en un partido político cambia de un puesto a otro. De alcalde o alcaldesa a diputado(a), de diputado(a) a ministro(a), de ministro a magistrado(a), etc, etc. Y esto es aplicable también al Partido FMLN.

Al final todos esos y esas “líderes” terminan tan adinerados (as) como los ricos de la burguesía o de la clase dominante que muchos catalogan como el peor enemigo a vencer. Pero no sólo eso, terminan al final en el cementerio de los ilustres y en las páginas de la historia escritas por los mismos comparsas.

¿Y los luchadores sociales que no pertenecen a un partido?. Para esos no hay espacio, aunque tengan mucha capacidad, instrucción, credibilidad y honradez notoria, como dice la Constitución de la República.

Esto no lo digo, porque en mi caso no me hayan ofrecido algún hueso. Lo expreso, porque para tener un cargo público en este país se necesita vestirse con la camiseta de los partidos o movimientos políticos. Y así vemos en cargos importantes, a personas que comparadas con otras, tienen poca formación y capacidad, pero les sobra el apoyo partidario. Como si la cosa pública fuera propiedad de los partidos o movimientos políticos.

¿Y que pasa con el pueblo llano, que se faja en el duro trabajo diario, con el que se llenan las plazas en los mítines y que sirve de boca de cañón en las revueltas?. A ese le seguirán dando bombones de consigna, canciones de protesta por la radio y banderitas de colores vivos para que vote en las próximas elecciones.

Como yo apoyé de alguna manera al Presidente Funes en la campaña, tanto en mis comentarios de radio, como en mis escritos y exposiciones en otros ámbitos, algunas personas me han preguntado: ¿Y Ud. qué cargo va a pedir? Como si uno, al tomar posición lo hiciera porque quiere conseguir un “hueso”… Sin embargo, esa es la pauta que nuestros políticos tradicionales han impuesto en la práctica.

Hay razón para que mucha gente vea la política como algo sucio o como lo dijimos acá en este blog, como algo chuco.

Ahora le toca a la Administración Funes, a su equipo de Gobierno y a los del FMLN, demostrar que ellos tratarán de actuar un poquito menos peor o “menos pior” como dice nuestra gente, que los que estuvieron al frente del país por veinte años.

Debo decir que el Presidente Funes y algunos miembros de su gobierno como Edín Martínez, Munguía Payés, Napoleón Duarte hijo, merecen todo mi respeto y apoyo. A otros, que no les conozco personalmente, les doy el beneficio de la duda. Ojalá que a todos los haga trabajar de verdad el Presidente, como espera el pueblo salvadoreño.

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CUANDO TÚ MÁS ME QUIERAS


Cuando tú más me quieras

sembraré nuestro árbol en el huerto.

Lo regaré con esmero cada día.

Lo limpiaré de malezas.

Y esperaré a crezca sin estorbos,

sin hongos, ni bacterias.


Al debido tiempo,

podaré sus ramas

y esperaré con ansias

a que broten sus frutos.


Más tarde,

cobijará su sombra

el paso de los días

y todos los detalles

de nuestros encuentros.


Llegarán las chiltotas

y otras aves bullangueras

a posarse en sus ramas;

y los inquietos colibríes

a chupar el néctar de sus flores.


En las noches oscuras,

le alumbrarán con sus luces

las luciérnagas.

Entonces,

cuando muevan sus hojas

las acompasadas brisas

llegadas desde el sur,

él será el único testigo

de nuestros abrazos

y de nuestros besos.


Ramiro Velasco, julio 2009

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EL CHUCHO CON RABIA


La distancia desde nuestra casa al sitio donde trabajaban aquel día mi padre y mis hermanos mayores era de unos cuatro kilómetros. Tomando un atajo o un “deshecho” como le llamaba la gente del Cantón, el tiempo de camino podría durar unos cuarenta minutos.

Que los niños se distrajeran fácilmente por ir mirando los árboles en busca de un panal, de un pájaro o de un garrobo para tirarles piedras, era algo normal. En ese caso, el recorrido hasta las cercanías del Río Lempa podía durar una hora y más.

Aquel día por primera vez, me había tocado a mí solo llevar el almuerzo. Lo que representaba un gran reto en un hogar mayoritariamente masculino, en el que cualquier flaqueo era motivo para que a los cipotes se nos tildara de “nenita” o de “mariquita”.

Para colmo, mis compañeros inseparables, los perros de la casa, habían salido desde muy temprano con los mayores de la familia. El grupo de trabajadores se encontraba a pocas cuadras del Lempa. Hasta allá había que caminar con aquel pesado chinto de tortillas al hombro y aquella olla con sopa de frijoles en la mano, que para colmo, había que llevar en forma vertical para no derramar el líquido.

Los niños que éramos fácil presa de tanta historia de miedo, temíamos siempre que nos saliera en aquellos campos: el tigrillo, la siguanaba, el cipitío, el cadejo, el muluz o el chucho con rabia. El único remedio en caso de sentir algún miedo en el camino, era rezar unos padresnuestros y unas avemarías.

Esta vez, sin embargo, al salir de casa no me sentía expuesto a mayor peligro, tal vez porque hacía un sol esplendoroso y porque acababa de cumplir doce años y por lo tanto, tenía que comportarme como todo un hombrecito.

Se podía llegar al lugar de destino por dos caminos, por el camino real, pero eso implicaba más vuelta. Esa ruta se hacía cuando uno iba a caballo.

Como ésta era mi prueba de fuego, para demostrar mi valor, opté por el camino más estrecho y más aislado y por el que llegaría más rápido.

Tenía que pasar al menos dos pequeñas quebradas, la primera era la del Chagüite que nacía en la propiedad de Ignacio Amaya y la segunda, situada en el terreno de Don Simeón. Más adelante, bordearía la quebrada de El Cimarrón que en el invierno era un verdadero río.

En el camino, había dos pasos a los que les tenía miedo. Uno era la Puerta del Carao, con la que se iniciaba el terreno de “La Aserradera”, propiedad de la familia. Mi temor se debía a que allí me encontré una vez, una culebra bejuquilla de color verde, delgada pero muy larga que al abrir la puerta de golpe, casi me salta encima.

Pero el sitio de mayor temor era el Coliguanal. Un bosque espeso de varias manzanas de extensión, con árboles que llamaban “coliguana” y que se encontraba como a un kilómetro antes de llegar al otro terreno de la familia, conformado por dos pequeños cerros y algunas partes planas hasta llegar a los terraplenes del Lempa.

Con la mejor decisión salí de casa como a las once la mañana. Pasé sin problema El Chagüite y El Carao. Llegué frente al Cerrito hasta la Puerta del Flor, en donde terminaba aquel terreno. Después de unas dos cuadras, me encontré con el cruce de dos caminos. Uno daba hacia el Caserío de Los Ruizes y el otro hacia El Coliguanal. Tomé este último, a mano derecha y a las pocas cuadras pasé la fría quebrada de Don Simeón cuyas aguas nacían en La Montañita.

No había salido de entre los matorrales, cuando apareció de repente a medio camino, un perro color amarillo oscuro, de normal tamaño, con la cola entre las patas y con la lengua de fuera. Sus ojos estaban rojizos. Se miraba muy agitado y dispuesto a atacar. Para mí, aquel no era otro más que el bendito chucho con rabia.

Con aquella pesada sebadera al hombro, mi primera reacción fue agarrar bien el palo que me servía de defensa personal y pasarlo a la mano derecha, en la que traía la olla de comida. Pero pronto me di cuenta que no podía hacer mayor cosa. Entonces puse la olla en el suelo y muy rápidamente recogí una piedra casi sin desprender la vista de aquel feroz animal. Y sin pensarlo más, se la tiré con todas mis fuerzas, dándole justamente en una pata. Aquel animal dio un fuerte alarido y un pequeño giro hacia atrás. Yo hubiera querido tener una pistola y dispararle de una vez todas las balas.

Fue en aquel justo momento cuando apareció de pronto un hombre machete en mano, que al oír al perro condolerse, miró hacia delante y se encontró conmigo. -Vé me dijo, ¿por qué atacas a “juguete”, no sabés que es mi perro?. Aquel hombre era Tío Nicho que como de costumbre, venía de matar lisas con bombas de clorato en las aguas del Lempa.

-Mirá cipote, me dijo elevando la voz, si más me matás al perro. Ahora le voy a poner la queja a Gerardo (mi padre) y le voy a decir que te dé una buena pitiada por maltratar al pobre animal. Y es mejor que vayas caminando, si no querés que vaya a decírselo ya.

-Sí tío, le contesté, lo que pasa que creí que era el chucho con rabia.

-No, me dijo, ese lo ví que venía allá por el Coliguanal. Para allá vas, ¿verdad?.-Si, le contesté, a punto de llorar.

-Bueno, a ese debieras matar si sos tan cachimbón…

Tras aquel regaño y un tanto avergonzado, no sé como crucé aquellas veredas lleno como nunca de verdadero espanto.

Estaba a punto de llegar al Coliguanal... Pero de pronto, todo cambió para mí. Al subir la última cuesta apareció uno de mis hermanos que llevaba la misión de encontrarme, pues mi padre y mis otros dos hermanos pensaban que me había extraviado con la comida.

Ya reunidos todos, les conté que casi mato al chucho con rabia, pero que resultó ser el perro de mi Tío Nicho. Mis hermanos tuvieron buen motivo para reírse a carcajadas con aquella historia.

Sin embargo, desde aquel día, comenzaron a respetarme y a tomarme más en serio, pues para ellos yo era muy valiente al caminar sólo por aquellos desolados caminos.



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