¿EXISTE EL DEMONIO DEL MEDIODÍA? DISCUSIÓN BÍBLICA.
Desde muy
jovencito en el Seminario Menor de Santa Ana, siempre me llamó la atención
la expresión en latín referida al demonio del mediodía. Y es que en aquellos
tiempos los ritos católicos como la misa, oficio divino que rezaban a diario
los sacerdotes y otras lecturas como los salmos bíblicos, estaban escritos en
latín.
Como “comercial” debo decir que
en aquel seminario me tocó estudiar latín una hora diaria desde el Plan Básico
(hoy de Séptimo a Noveno Grado), lo mismo que en los dos años de Bachillerato y
después durante un año que se llamó Propedéutica, antes de entrar al seminario
mayor.
El Padre Clemente Barrera (mi tío,
primo de mi madre) nos recalcaba que el latín era la materia más importante
para un seminarista; y yo tomé muy en serio aquella enseñanza. Recuerdo
especialmente a mis maestros de latín, el salesiano de apellido Dimuro de
origen italiano y el sacerdote Álvarez en mi año de Propedéutica. Para aquella
época, recuerdo las largas traducciones a realizar de la Selecta Latina con
escritos de Julio César, Cicerón, Salustio y otros autores clásicos. En aquel
mismo año de Propedéutica, teníamos clases regulares en la semana de latín,
griego, inglés y francés.
Pero entrando en materia, el
Salmo 91 de la Biblia (que en la Vulgata corresponde al Salmo 90) comienza
señalando la confianza en el Señor, cuando dice: “Tú que habitas al amparo del
Altísimo y resides a la sombra del Omnipotente dile al Señor: 'Mi amparo, mi
refugio, mi Dios, en quien yo pongo mi confianza'. Que en latín bellamente se dice:
«Refugium meum et fortitudo mea, Deus meus, in quem confido».
Poco después el mismo Salmo, señala
los objetos de temor cuando en el verso
5 dice: 5 “No
temerás los miedos de la noche ni la flecha disparada de día;
y en el verso 6 continúa: 6
ni la peste que avanza en las tinieblas, ni la plaga que azota a pleno sol. Y
que en latín, la Vulgata tradujo: A
sagitta volante per diem et a negotio perambulante in tenebris, ab incursu et daemonio meridiano.
Como cultura general, La
Vulgata, es la traducción de la Biblia completa del hebreo, arameo y griego al
latín (en su variedad de latín vulgar o corriente de la época), realizada por San
Jerónimo entre el año 382 y el 405 D. C. por encargo del Papa Dámaso. Y fue
el texto bíblico oficial y de referencia para la Iglesia Católica de rito
latino durante más de mil años (declarada oficial en el Concilio de Trento en
el siglo XVI). Pero en 1979, se actualizó con la Nova Vulgata, que es el texto
oficial actual de la Iglesia para la liturgia en latín. [i]
Mientras que las iglesias protestantes e Iglesias Evangélicas utilizan la
Biblia- de Reina Valera (de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera), en sus
diferentes revisiones desde 1960, hasta las traducciones modernas que son muy
populares.[ii]
Según la
Biblia de Reina Valera, que es la Biblia base de la denominación Protestante, estos
versículos son traducidos así: No temerás el terror nocturno, Ni saeta que
vuele de día,6 Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni
mortandad que en medio del día destruya”.
Debe
recordarse, el auge de la lectura de la Biblia, a raíz de la Reforma
protestante de la que Martín Lutero fue el principal impulsor, en el Siglo XVI.
Él tenía como uno de sus principios básicos de la Reforma: “sólo la Escritura”.
Lo que indicaba que la “Biblia es la única regla infalible, suficiente y máxima
para la fe, la doctrina y la práctica cristiana”.
Las
Biblias protestantes tomaron el texto del Salmo 91.6, de la traducción del
hebreo y no del griego como La Vulgata. “El hebreo usa la palabra “mid-de-ber”,
cuya traducción apropiada es “peste” o “pestilencia”; pero el texto griego (de
los LXX) se aparta bastante y habla de cómo Dios liberará “apó symptómatos kai
daimoníou mesembrínou.” Esta última expresión fue traducida al latín de la
siguiente forma: “ab incursu et daemonio meridiano” que al español se traduce:
“de la invasión y del demonio del mediodía”. [iii]
Aquellas
últimas palabras del verso 6 del Salmo 91, que en griego reza: ἀπὸ δαιμονίου (daimoníou) μεσημβρινοῦ
(mesembrinoû), la Vulgata lo tradujo en latín como: a daemonio
meridiano y que en español se puede traducir del demonio de mediodía, pero
también de manera no literal, como “la destrucción que azola a mediodía”, “del espíritu del mediodía”.
Ese
“demonio del mediodía” fue considerado por los ascetas cristianos (padres del
desierto) como personificación de un estado de hastío, apatía, tristeza
espiritual y desánimo. [iv] O como lo refieren otros tratadistas, ese
demonio se refiere a “un tipo de tentaciones”.
Del demonio del mediodía se ha
escrito bastante. Y como se ha dicho, fue algo que vivieron los antiguos monjes,
como se explica en la Página “Dominicos” que cito a continuación: “¿Qué es el demonio meridiano? No es la lascivia, como
pretende Umberto Eco en su novela “El nombre de la rosa”. Se trata de una
experiencia que hacían los monjes de los siglos IV y V, que vivían en los
desiertos y descubrieron que, a la hora del mediodía, cuando el sol aprieta con
más fuerza, resultaba difícil seguir rezando. El monje ya no siente la alegría
de cantar las alabanzas divinas, puesto que le invade el sopor y anda triste y
malhumorado. Su voluntad decae, pierde la alegría. Este detalle explica que los
teólogos medievales, como Tomás de Aquino, identificaran el demonio meridiano
con la acedia, la falta de empuje, la desgana para hacer el bien, la pereza. Las
personas afectadas por el demonio meridiano nunca están contentas, viven inquietas,
siempre cansadas, siempre huyendo de sus responsabilidades: necesitan cambiar
de casa, de trabajo, de lugar, de amistades. Nada les satisface, todo les
aburre…” [v]
Recuerdo una
anécdota, siempre en el Seminario Menor cuando acompañaba al Obispo Benjamín
Barrera (mi tío también, hermano de mi madre) en visita pastoral en Metapán.
Allá, llegada la hora del almuerzo el Párroco un sacerdote capuchino, español,
le dijo a Monseñor Barrera: Venga, Monseñor, tomemos una copa de vino para
almorzar, pues como dice el refrán: “Si quieres matar a un fraile, quítale la
siesta y el vino”.
Y es que era la hora
del mediodía, cuando tradicionalmente los sacerdotes hacen su siesta, pues
normalmente se levantaban muy temprano. Y a esa hora, seguramente es cuando merodea,
la tentación del “demonio del mediodía” para actuar con la pereza y un poco de
sueño.
Y debo decir, que en
el Seminario Mayor San José de la Montaña después del almuerzo, estaba
programado de rutina diaria hacer la siesta; una tradición más española e
italiana y propia de los conventos monacales. Quizás de esa manera, también se
evitaba que actuara en nosotros el “demonio meridiano”.
Moraleja: Si te
sientes desganado, fastidiado, que quieres cambiar de casa, de novia, de esposo
o esposa, de trabajo… ten cuidado, puede ser el “demonio del mediodía que te
está tentando”.
Ramiro Velasco,
noviembre de 2026.
[i] La
Vulgata, https://www.google.com/search
[iii] https://fraynelson.com/blog/2020/11/24/habla-la-biblia-de-un-demonio-meridiano/
[iv] https://www.google.com/search

No hay comentarios:
Publicar un comentario