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Soy profesor universitario. Trabajo por el desarrollo de Cabañas, un departamento de El Salvador, muy bello, pero también donde hay mucha pobreza, especialmente en lo educativo y cultural. Soy planificador educativo y trabajé por muchos años como director y coordinador de proyectos sociales. Me considero una persona con una visión amplia que trata de valorar lo positivo de cada quien.

miércoles, 14 de enero de 2026

RETRATO DEL PADRE RUTILIO GRANDE, COMO LO CONOCÍ

 

 

RUTIILIO GRANDE, EN EL MES DE SU BEATIFICACIÓN (22 de enero de 2022).

Retrato de Rutilio

Lo que escribí en el año 2013. (Texto incompleto)

Me atrevo a describir al sacerdote que conocí como Prefecto de Disciplina en el Seminario San José de la Montaña.

Era alto y con unas facciones achinadas como muchos de sus hermanos salvadoreños.

Mantenía su figura esbelta que le iba muy bien con su apellido “grande”. En los actos litúrgicos sobresalía por su estatura de entre la media de sus hermanos sacerdotes.

Su estilo para hablar era reposado y tranquilo, como cuidando que sus palabras no hiriesen a nadie.

Era un salvadoreño de verdad, nacido en uno de esos pueblos en los que sonaba la cuma o la guarizama para realizar los trabajos tan duros para nuestros campesinos.

Él utilizaba a menudo, las palabras del pueblo en las que encontraba la filosofía del diario vivir de la gente a quien amaba entrañablemente como el pastor ama a sus ovejas.

Era un hombre humilde y a pesar de su manifiesta inteligencia, prefería pasar inadvertido como la violeta que esconde sus flores más bellas.

Era de un pensamiento abierto, tal vez fruto de sus estudios en Louvaina, tildada por muchos como una universidad europea demasiado progresista.

Conmigo siempre fue muy amable en el trato y a lo mejor esa era la impresión que teníamos todos o al menos la mayoría de seminaristas, a mediados y finales de los años sesenta del siglo pasado.

y su alma parecía… (Hasta acá lo que escribí aquel año 2013)

Ahora, en enero de 2026, trece años después, continuo escribiendo:

Se intuía que el alma de aquel sacerdote jesuita, era como la del más inocente de los niños; pues en él no había engaño ni mentira.

Su espíritu sacerdotal era innovador, cimentado en los lineamientos del Vaticano Segundo y contrastaba con la línea tradicional de los obispos salvadoreños de la época, que en materia clerical seguían la doctrina del Concilio de Trento. A pesar de ello, los obispos que lo apreciaban sobremanera, vigilaban de cerca sus actuaciones al frente del Seminario San José de la Montaña, pues seguramente consideraban que podía llegar a convertirse en uno de ellos, ya que reunía tantas cualidades de sacerdote ejemplar.

Yo lo sentía muy cercano, pues siempre me trató con gran consideración, talvez por ser yo “sobrino del Tío” como él me decía en broma; se refería a Monseñor Benjamín Barrera y Reyes, Obispo de Santa Ana.

Por motivos especiales tuve que dejar el Seminario en 1969 y perdí contacto con él…

Y así pasaron los años, hasta que un día aciago de 1977, se consternó mi corazón cuando escuché la noticia de su martirio, mientras él regresaba de cumplir sus deberes pastorales.

Aunque la Iglesia Católica Salvadoreña lo venera como bienaventurado, para mí sigue siendo el amigo entrañable que conocí tan de cerca durante 4 años y del que puedo dar testimonio que ya en vida era un santo.

¡Padre Rutilio, amigo del alma, intercede ante Dios por nosotros y por todo el pueblo salvadoreño!