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Soy profesor universitario. Trabajo por el desarrollo de Cabañas, un departamento de El Salvador, muy bello, pero también donde hay mucha pobreza, especialmente en lo educativo y cultural. Soy planificador educativo y trabajé por muchos años como director y coordinador de proyectos sociales. Me considero una persona con una visión amplia que trata de valorar lo positivo de cada quien.

viernes, 2 de octubre de 2026

HABLEMOS DE SOLFEO Y DE CANTO. II PARTE

 

HABLEMOS DE SOLFEO Y DE CANTO

II PARTE

Introducción

Les escribo hoy, como si fuera un maestro de Educación Básica que le toca dar la clase de música, sin ser un maestro especializado en esa disciplina, y por lo tanto, lo hace con base a lo que ha investigado o desde un punto de vista histórico. La tarea de estudiar e investigar sobre la música desde un punto de vista histórico y ahondar en el impacto sobre la sociedad entra en el campo de la musicología. 

Gran parte de la información que comparto hoy, ha sido tomada de sitios de internet como Google y algo de mi cosecha personal.

La música abarca varias ramas: la Composición musical, la Dirección, la Interpretación musical instrumental y vocal, y la Producción y Tecnología musical. Cada una de estas ramas requiere una formación y especialización.

Llegar a tener cierto dominio de una de las ramas anteriores, es convertirse en maestro en ese campo de la música y ello requiere de una profunda formación y desarrollo profesional.

Y así como para escribir, hablar o dar un discurso se requiere del dominio de un idioma que tiene su alfabeto, su morfología, fonología y sintaxis, así se puede decir, que la notación musical permite escribir gráficamente la música y el solfeo sirve para entonar esos signos.

Los compositores, directores e intérpretes de la música deben dominar la notación y el solfeo musical. Así se dispone de partituras que vienen a ser las páginas escritas de música que pueden ir de sencillas composiciones a obras muy complicadas; de obras escritas para ser cantadas en una o varias voces; o que requieren ser interpretadas en un determinado instrumento musical o en varios instrumentos. Así pues, las partituras de las diversas piezas musicales son creadas por los compositores y son utilizadas por los directores de orquesta, los directores de coro, los cantantes individuales y por supuesto, por los que ejecutan dichas piezas en los diferentes instrumentos musicales.

Cada una de las ramas de la música señaladas, tiene su temática y requiere de gran especialización. Por ejemplo, en la Composición Musical se puede hablar de estilos de escritura musical y de tipos de melodías, etc.

Hablando de manera general, la música se puede dividir en clásica, folklórica y popular. Pero existe lo que se llama géneros musicales de los que existe una diversidad. Se dice que puede haber unos 2,500 géneros musicales en el mundo, de los que rápidamente podemos mencionar como más cercanos a nosotros, los siguientes: balada pop, salsa, merengue, bolero, ranchero, rock, jazz, tango, bachata, vallenato, música clásica, reguetón, etc.

Debe señalarse como género musical también, la música electrónica producida mediante instrumentos electrónicos, computadoras y software de audio y que con la inteligencia artificial cobra una relevancia especial.

De la música clásica todos hemos escuchado en forma presencial o por los medios de comunicación las orquestas, los coros, los grupos de ópera, etc. que interpretan obras de los grandes maestros como Beethoven, Bach, Mozart, Chopin, etc.

La música folklórica o tradicional refleja de alguna manera la identidad, costumbres y valores de un pueblo. En El Salvador la relativamente poca música de este tipo, se acompaña de pitos, tambores y algo de marimba. Y se ejecuta con algunas danzas y cantos.

Para cerrar este apartado, debe señalarse que muchas canciones y música de diverso tipo, ha sido ejecutada sin que la misma haya sido escrita con notación musical. Así se puede señalar, el caso de  canta autores que sin formación musical recibida en un conservatorio, fueron verdaderos genios que produjeron innumerables canciones. Baste señalar a los mexicanos tan conocidos y apreciados como: José Alfredo Jiménez, Juan Gabriel y Agustín Lara.  Lo mismo se puede decir de cantantes famosos que fueron o son grandes intérpretes de canciones populares como: Carlos Gardel, Mercedes Sosa, Carlos Santana, Vicente Fernández, Julio Iglesias, José Luis Rodríguez (El Puma).

MÚSICA SALVADOREÑA

La historia de la música escrita en el Salvador es muy rica, especialmente desde la creación de la República en 1841. Músicos, sobre todo extranjeros dirigieron y enseñaron en las escuelas de música y bandas marciales y regimentales, en los decenios siguientes, de donde surgieron músicos connotados, que no sólo ejecutaron música clásica y de banda, sino que también compusieron obras como valses, polcas, mazurcas y pasos dobles, marchas etc.

 (Ver   https://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%BAsica_de_El_Salvador )

De 1900 a 1920 continuó el auge de la música escrita como se lee en el sitio de internet anterior y que cito: “…valses, polcas, mazurcas, chotis, pasodobles y las marchas continuaron siendo muy populares en el territorio; de esos estilos el más destacado fue el vals, algunos ejemplos de este son: «Bajo el Almendro» de David Granadino, «Siempre Sufriendo» de Felipe Soto, «Lagrimas de amor» de José Napoleón Rodríguez, «Sueños a María» de Wenceslao Rodríguez, y «Ensueños» de Domingo Santos. Otros compositores de estos géneros son: Ciriaco de Jesús Alas (educador y compositor de temas escolares, como la pieza para violín y orquesta «Dichoso fui»), Rómulo Rodríguez (padre de Napoleón Rodríguez), Indalecio Hernández (de origen mexicano), Rafael Herrador (hijo de Rafael Olmedo), entre otros”. 

De 1930 a 1950 la Academia Nacional de Música que después se llamaría Conservatorio Nacional, fueron vivero de distinguidos músicos compositores; pero la formación en composición musical escrita parece haber decaído con la supresión de dicho centro y la creación del Bachillerato en Artes ocurrida en 1969 y suprimido en 1979. En la actualidad el Centro Nacional de Artes (CENAR) ofrece varias especialidades en artes y formación musical, pero creo que no se enseña la composición musical.

Debe señalarse que existen en El Salvador, algunas academias privadas en las que se atiende la formación musical en áreas como canto y ejecución instrumental.

En cuanto a la ejecución de música académica sólo existen en la actualidad, en El Salvador, la Orquesta Sinfónica de El Salvador, la Orquesta Filarmónica de El Salvador y la Orquesta  Sinfónica Juvenil. Y a nivel coral  existió desde 1950, la Sociedad Coral Salvadoreña que después se convertiría en el Coro Nacional de El Salvador. A nivel privado, hubo algunos coros importantes, como el del Seminario San José de la Montaña y de algunas escuelas normales.

Merece la pena mencionar también, las Bandas Regimentales tan importantes históricamente y que aún subsisten en las diferentes guarniciones militares.

En cuanto a música tradicional debe mencionarse, la de marimba que casi ha desaparecido y que fue tan importante desde 1913 con su apogeo en 1920, en la que destacaron excelentes músicos como Paquito Palaviccini y Lito Barrientos, por señalar algunos.

Debe mencionarse en cuanto a música tradicional contemporánea, el aporte de Pancho Lara que escribió unas doscientas canciones, y que aunque un tanto sencillas, son un verdadero patrimonio nacional. Es el caso de esa canción que viene a ser como el segundo himno nacional, “El Carbonero”.

Música Popular

Gran parte de la música creada en El Salvador es de tipo popular que consiste en géneros que llegan al público de forma masiva como las cumbias, las canciones rancheras, los boleros, etc. Me atrevo a decir que la mayor parte de esta música ha sido creada por autores sin mayor formación musical escrita, lo que tampoco quita su mérito y capacidad. Aunque ha habido músicos compositores muy distinguidos en este género como: Luis Alonso Polío que hizo canciones y arreglos musicales para orquesta y marimba; Paquito Palaviccini que escribió entre varias, las canciones “Adentro Cojutepeque” y “San Miguel en Carnaval”; y Lito Barrientos que escribió “Son Guanaco” entre otras.

Sería largo enumerar tantos autores salvadoreños que sin una formación en música académica y escrita en notación musical han producido e interpretado cantidad de música popular creada en El Salvador. Todos ellos han contribuido enormemente al desarrollo musical, especialmente en la época contemporánea.

Por lo anterior, no podemos menos que decir: ¡Qué viva la música!.

Ramiro Velasco, 2 de octubre de 2026.

 



 


HABLEMOS DE SOLFEO Y DE CANTO

 

HABLEMOS DE SOLFEO Y DE CANTO

PRIMERA PARTE

Introducción

A los que hablamos y escribimos de varios temas nos llaman despectivamente todólogos u opinólogos. Pues diré que el mérito de los todólogos es que comparten con los demás lo que medio saben, mientras que la mayor parte de los especialistas se guardan para sí sus conocimientos y experiencias.

 Ante la duda, si tenemos alguna solvencia para escribir sobre el tema, tengo que confesar que desde que tenía 9 años, me tocó aprender un poco de solfeo con Monseñor Agapito Martínez. Eso sucedió en el seminario menor de Santa Ana allá por los años de mil novecientos cincuenta. (Ya estamos ancianos). Les dejo mi historia.

Monseñor Agapito, era el rector de aquel centro educativo. Era español de pura cepa, nacido en Castilla La Vieja. Tenía una formación completa e integral como sacerdote y además dominaba el solfeo; hablaba y escribía latín perfectamente y tenía una cultura general envidiable.

Con las revueltas políticas, Agapito Martínez llegó a México como presbítero, en la segunda década del siglo XX. Al poco tiempo fue expulsado de aquella República durante la Revolución Mexicana que atacó ferozmente a la Iglesia Católica. Posteriormente llegó a Santa Ana, El Salvador donde fue acogido por la Curia y comenzó a trabajar como sacerdote. Al conocer su vasta formación y carisma, fue nombrado Vicario General de la Diócesis, cargo que ostentó por muchos años. (Debo decir que en aquella época la correspondencia oficial entre el Vaticano y la Curia Diocesana de Santa Ana se hacía en latín y el principal sacerdote encargado de recibir y traducir los documentos era Agapito Martínez).

En 1954. Monseñor Agapito fue nombrado director del Pre seminario de Santa Ana. Con Monseñor Agapito, aprendimos algo de solfeo en aquel centro educativo, utilizando el método de Hilarión Eslava. La hora de solfeo era después de cena. Él nos enseñaba las lecciones de manera personalizada, pues el nivel de aprendizaje dependía de la capacidad de cada niño o jovencito. El Método Eslava sólo tenía 58 lecciones, pero las ultimas 10, tenían un nivel de dificultad muy elevado. Al terminar dicho método, un estudiante podía leer y cantar casi cualquier canto escrito en aquel idioma propio de los cantores pertenecientes a un buen coro o con una formación musical aceptable. Ya desde la lección 50, la cosa no era fácil, pues aparecían en las lecciones, cantidad de signos musicales, además del aire musical a seguir, tresillos, sostenidos, bemoles, síncopas, seisillos, etc. Y en las últimas lecciones, ya no aparecían las notas redondas o blancas, sino negras, corcheas y semicorcheas o doble corcheas.

El lector comprenderá que las notas fusas o semifusas por lo general no se cantan, pues deben ser ejecutadas con tanta rapidez que no son aplicables para la voz humana, por lo que se utilizan generalmente para ser ejecutadas en un instrumento musical.

Pues volviendo al Seminario, ¿se imaginan la bulla de unos veinte niños y jovencitos cantando las lecciones en los corredores de aquella casona? Por lo general, cada grupo estaba conformado por dos o tres alumnos para aprender y cantar cada lección; y en su momento, había que cantarla ante Monseñor que podía darla por aprendida y autorizaba a seguir con la siguiente.

Yo creo que los alumnos más avanzados del grupo llegamos interpretando hasta como la lección 40, lo que implicaba un elevado nivel de dificultad; pero eso ya nos autorizaba para leer o cantar casi cualquier partitura de canto.

Lamentablemente, pasados unos tres años, Monseñor Agapito dejó de ser el director de aquel centro y las clases de solfeo se terminaron…

Años más tarde, en el seminario menor de Santa Ana ubicado en la misma casa del Obispo Monseñor Benjamín Barrera y Reyes, aquellos frutos del solfeo contribuyeron a que un seminarista del nivel de bachillerato fuera el director del coro y los alumnos más antiguos leyéramos con alguna facilidad las partituras.  Y no sólo eso, al menos los miembros del grupo más avanzado, además de la notación musical moderna, aprendimos a cantar y leer las partituras de muchos cantos y misas clásicas como la de Perosi, Haller y otras; pero también a leer y cantar con facilidad el canto gregoriano que resonaba en la catedral de Santa Ana, en los días de fiesta religiosa.

En el seminario había dos pianos a la disposición de los alumnos, pero lamentablemente nunca tuvimos un profesor que nos enseñara a tocar aquel instrumento. Los alumnos más destacados como pianistas lo lograron casi como autodidactas, y algo aprendimos algunos, mirando y escuchando a los más avanzados.

Saber algo de solfeo nos permitió formar parte del coro en el Seminario Mayor San José de la Montaña donde Víctor Zelada mi compañero de internado en Santa Ana llegó a ser director del coro y en mi caso, me tocó algún tiempo enseñar al grupo de tenores segundos las piezas musicales, misas corales, etc.

Puedo decir, que aprendí a tocar algunos cantos muy sencillos en el piano y de valorudo hasta toqué muchas veces el armonio en la iglesia, siendo seminarista mayor.

Bueno, y a qué viene toda esa historia. La respuesta es que para escribir de la música se requiere de alguna formación básica y eso trataré de hacer en un próximo artículo que les compartiré muy pronto.

Ramiro Velasco, 29 de septiembre de 2026.