LA GUERRILLA SE TOPÓ EN SENSUNTEPEQUE CONTRA PATRULLAS CANTONALES VALIENTES, LO DEMOSTRARON LOS ESCAPES CAMPESINOS.
A este tema se le podría llamar “Una historia jamás contada”
y es que lo que lo que más se ha conocido del conflicto armado salvadoreño
entre la Fuerza Armada y la Guerrilla del FMLN ha sido la versión dada por la
izquierda.
Debe decirse, que uno de los departamentos en los que la
guerrilla no pudo realizar grandes ataques fue el Departamento de Cabañas,
especialmente por el lado de Sensuntepeque. Una de las razones principales para
la baja intensidad del accionar guerrillero, pudo ser la tradición conservadora
y de derecha de la población de aquella zona, las condiciones geográficas, pero
sobre todo la valentía de sus patrullas cantonales. Aunque algunos católicos
piadosos consideran que fue también debido a la protección de la Virgen Santa
Bárbara.
Las incursiones de la guerrilla fueron más fuertes por el
lado occidental del Departamento, es decir por Cinquera, Jutiapa y Tejutepeque;
al noroeste por Victoria; al oriente por La Puebla, hoy Ciudad Dolores; pero
fueron menos intensos, en Ilobasco, San Isidro y Guacotecti; y muy esporádicos
en Sensuntepeque, pues entre San isidro y Sensuntepeque consistían más en
retenes en la carretera Sensuntepeque - San salvador.
Me consta que por el lado de La Puebla, específicamente por
el Cantón San Carlos, varios ganaderos y terratenientes tuvieron que salir de
sus propiedades dejando sus pertenencias al menos temporalmente, en manos de la
guerrilla.
Y es que Sensuntepeque siempre ha sido un baluarte inexpugnable;
así lo demostró en la “Guerra de las Cien Horas” cuando los hondureños apenas
hicieron unas escaramuzas en la frontera. Justamente en el Cantón San Marcos me
contó un sobreviviente de aquellas hazañas, que en el Cerro El Limón, en la
parte de la Cuevita, estando una noche los patrulleros apostados cerca del Río
Lempa, se escuchó un disparo del lado hondureño, los patrulleros despertaron al
teniente encargado que estaba descansando y éste tomó la ametralladora en
modalidad de ráfaga e hizo muchas detonaciones, volviendo el silencio completo del
lado hondureño. Allí no se tuvieron mayores incidentes. Sin embargo, en los
cerros más salientes de Sensuntepeque permanecían apostados aquellos campesinos
convertidos en soldados y custodios del pueblo salvadoreño.
LAS PATRULLAS CANTONALES EN LA DÉCADA DE LOS OCHENTA EN
CABAÑAS
Las patrullas cantonales eran una extensión paramilitar de
la Fuerza Armada. Su terreno de acción fue uno o varios cantones. Dependían por
lo tanto, del Destacamento Militar Nº 2, ubicado en Sensuntepeque, en el que se
establecía un oficial coordinador departamental que dirigía en mando al
comandante cantonal o local y distribuía las armas y municiones. Del comandante
cantonal dependían los civiles armados de la comunidad que eran entrenados por
un sargento y cabos del Destacamento en el cantón respectivo. Muchos de estos
campesinos apenas podían leer.
Uno de los coroneles que estuvo a cargo algunos años en la
Segunda Brigada, en los años ochenta, fue Sigfredo Ochoa Pérez, a quien se le
acusa de haber sido responsable de las masacres de Santa Cruz, en Santa Marta,
Villa Victoria en marzo de 1981 que dejó muertas unas 200 personas adultas y
niños; y la de El Calabozo en agosto de 1982, en San Esteban Catarina, al norte
del Departamento de San Vicente con otras 200 víctimas civiles.
Las patrullas de los cantones San Marcos y Nombre de Dios
eran coordinadas por un solo militar de rango que vivía en Providencia, caserío
del Cantón Nombre de Dios. Así estuvo a cargo de ellas en su momento, el
Teniente Urbina, el Sargento Palacios, el Sargento Vega y el más famoso talvez,
el Sargento Pedro Ayala.
Las armas con las que contaron las patrullas cantonales de
Nombre de Dios y San Marcos fueron fusiles checos en la Guerra de las Cien
Horas y de carabinas en el conflicto armado 1980- 1992.
Entre las instrucciones militares principales para las
patrullas estaba, que no podían utilizar las municiones a su antojo, sino sólo
en caso necesario.
Al noreste de Sensuntepeque, la guerrilla incursionó más por
el lado del Cantón San Gregorio y Chunte, donde realizaron algunas emboscadas.
ESCAPES DE PATRULLEROS A LA GUERRILLA
En San Gregorio, la guerrilla incursionó y quemó la casa de
Ciriaco Bonilla y amarraron a Beto
Bonilla a quien dieron muerte en Piedras Blancas; pero Alfonso Bonilla logró
escapar para Honduras.
En otra de aquellas incursiones, capturaron a Beto Ruiz y
Agustín Amaya de San Marcos. Beto Ruiz les pidió permiso para ir a tomar agua,
cuando se les logró escapar y no pudieron agarrarlo, pero a Agustín le dieron
muerte por el Cerro El Cordoncillo y su cadáver descompuesto fue encontrado a
los 3 días por el Caserío Los Almendros.
Por el lado del Cantón San Pedro y San Antonio, jurisdicción
de Victoria, eran frecuentes los retenes guerrilleros. Aquella era la única
carretera en los años ochenta para llegar en vehículo hasta San Marcos. Por lo que muchas personas tomaban el bus que
hacía recorrido entre Sensuntepeque y San Marcos para llegar más cerca de
Providencia. El Sargento Pedro Ayala, que residía en Providencia, Nombre de
Dios y que tomaba aquel bus para llegar a su destino, era parte de los pasajeros
cuando un retén guerrillero detuvo al bus y comenzó a registrar a quienes
viajaban. El sargento logró burlar el registro, ocultando su arma de equipo y
pudiendo escapar de una muerte segura.
EL GRAN ESCAPE DE JUAN ANTONIO BARRERA
Don Juan Antonio Barrera, nació en el Cantón San Marcos,
Sensuntepeque, el 10 de mayo de 1933. Fue el último de los hijos de los esposos
Eulalio Barrera y Marcelina Rivas. Para el año de 1980, Juan Antonio tenía 47
años. La familia Barrera fue siempre de corte conservador, una de las más
distinguidas de San Marcos y de ella surgieron muchos líderes, desde principios
del siglo XX (Ver libro de Ramiro Velasco, “Un seminarista a toda prueba”).
La patrulla cantonal en San Marcos que tuvo mucha
preparación para la Guerra de las Cien Horas en 1969, estuvo dirigida entonces por
Timoteo Barrera, hermano mayor de Juan Antonio.
Muchos de mis familiares cercanos formaron parte de aquella agrupación y
lo hicieron también durante del conflicto armado de 1980-1992.
Juan Antonio Barrera no sólo participó en las actividades
paramilitares como comandante cantonal desde los años ochenta, sino que fue un
líder distinguido y respetado del Partido ARENA en la zona durante varias
décadas, hasta muy entrados los años dos mil. Además, fue el presidente de la
Directiva de Vecinos, que junto a la Directiva Pro Desarrollo de San Marcos fue
coordinada desde Sensuntepeque por sanmarqueños residentes en aquella ciudad y
en San Salvador, a partir de 1990.
Juan Antonio, por su liderazgo y su rol como dirigente
cantonal fue siempre un objetivo por parte de la guerrilla durante el conflicto
armado. El viajaba muy a menudo a Sensuntepeque, tanto por el lado de Victoria
como por el camino más directo de San Marcos a Sensuntepeque, pasando por el
Cantón Chunte. Fue precisamente allí en el Cantón Chunte donde la guerrilla a
principios de los años ochenta realizó una emboscada a los patrulleros que
caminaban a pie en pequeños grupos y venían del Cantón San Marcos, entre ellos
estaba Juan Antonio Barrera que al detectar a los guerrilleros salieron huyendo
entre disparos, sin ser alcanzados.
Pero como estaba en la mira de la guerrilla, una noche a
principios de los años ochenta, llegó al Cantón San Marcos un contingente de
guerrilleros procedentes de la zona de Victoria y con muchos refuerzos, a
realizar la captura o el desaparecimiento de Juan Antonio.
El mismo me narró esta historia con lujo de detalles, en diciembre
de 2020. Me contó que a principios de los ochenta, entrada la noche, se oyó el
ruido de un grupo de gente que merodeaba en los alrededores de su casa al
tiempo que escuchaba el ladrido desesperado de los perros del vecindario. Su
casa rodeada de vegetación tenía al menos dos entradas. El se encontraba junto
a su esposa Victorina Barrera y algunos familiares más. Le pidió a la familia
que llegado el momento si se trataba de un ataque seguramente lo buscaban a él
y por lo tanto, que no opusieran resistencia. Pero que él ya sabía qué hacer.
Como la llegada de los incursores fue inmediata, no tuvo tiempo ni de vestirse,
por lo tanto, salió de la habitación en calzoncillo y descalzo.
Salió por detrás de la vivienda y corrió en la oscuridad
entre matorrales hacia una pequeña barranca, sin ser detectado a pesar de la
cantidad de hombres que acababan de llegar. Los hombres empezaron a registrar
todos los rincones de la casa y sacaron a la familia preguntándoles por Juan
Antonio. La familia contestó que él no se encontraba allí esa noche, todo lo
contrario de la información que tenían los ocupantes.
En el Cantón los guerrilleros habían colocado al menos tres
puestos de seguridad y la comunidad entera se enteró de inmediato del asedio de
los insurgentes. Los hombres del cantón, especialmente los patrulleros se
quedaron en sus casas y fue hasta en la mañanita que supieron los pormenores de
aquel asalto.
A partir de aquel día, gran parte de las familias
especialmente las de mayores recursos, prepararon su viaje para Sensuntepeque, a donde se
radicaron y compraron casas y propiedades; pues no querían ser víctimas de la
guerrilla. Al día de hoy muchos sanmarqueños viven en Sensuntepeque donde han
logrado muchos éxitos como emprendedores y personas de bien.
Juan Antonio, regresó a su casa cuando ya todo estaba
tranquilo y vivió allí hasta su fallecimiento el 25 de enero de 2025.
Para mí, Juan Antonio Barrera fue un héroe que creyó y vivió
conforme a sus convicciones conservadoras y políticas. Lo llevo siempre en mi
memoria como un gran tío y amigo.
Ramiro Velasco, marzo de 2026.
Nota: En las fotografías, Juan Antonio Barrera pescando en la piscina de su casa y con Ramiro Velasco en San Marcos.


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